Hay una frase que escuchamos mucho: “Voy a poner aerotermia con suelo radiante, que es lo más eficiente que hay.” Y puede serlo. Pero hay un matiz que casi nadie cuenta: en determinadas viviendas, esa combinación es un gasto innecesario. Y en otras, no instalarla juntos es el error más caro que puedes cometer.
La clave no está en los sistemas. Está en la vivienda que los recibe. Lo que te explicamos aquí no lo encontrarás en el folleto de ningún fabricante: es lo que aprendemos proyecto a proyecto, cuando hay que justificar cada euro invertido ante una familia que va a vivir en esa casa durante décadas.
Qué es la aerotermia y qué hace el suelo radiante

La aerotermia es una bomba de calor que extrae energía térmica del aire exterior para calentar (o enfriar) el agua del sistema hidráulico de la vivienda. Su eficiencia se mide en COP o SCOP: por cada kWh eléctrico consumido, entrega entre 3 y 5 kWh de calor útil, dependiendo de la temperatura exterior y del equipo. El suelo radiante es un emisor: una red de tuberías embebida bajo el pavimento que distribuye agua caliente a baja temperatura (entre 30 y 45 °C) y calienta el ambiente de forma uniforme desde el suelo.
Son complementarios por naturaleza. La aerotermia trabaja con mayor rendimiento cuanto más baja es la temperatura del agua que tiene que producir. El suelo radiante precisamente pide agua a baja temperatura. Encajan como sistemas. Pero eso no significa que siempre convenga instalar ambos.
Por qué el aislamiento de tu vivienda lo decide todo
Antes de hablar de equipos, hay que hablar de la envolvente. Una vivienda bien aislada —con valores de transmitancia por debajo de 0,15 W/m²K en muros y cubierta, hermeticidad controlada y ventanas de altas prestaciones— tiene una demanda de calefacción tan reducida que el sistema emisor casi da igual. Aquí está la contraintuición que el mercado rara vez cuenta: en una casa Passivhaus o en una construida con steel framing con aislamiento de alto rendimiento, el suelo radiante puede ser sobredimensionado.
¿Por qué? Porque en invierno esa vivienda apenas necesita aportar calor. Los ganancias internas (ocupantes, electrodomésticos) y la energía solar pasiva ya cubren gran parte de la demanda. El suelo radiante, que es un sistema de alta inercia, puede resultar difícil de modular con tanta precisión. En ese escenario, unos fan-coils alimentados por la aerotermia —que responden mucho más rápido a los cambios— pueden ser igual de confortables y más eficientes en la gestión diaria.
El umbral de demanda energética que marca la diferencia
Una referencia práctica: si la demanda de calefacción de tu vivienda es inferior a 25 kWh/m² al año (el umbral Passivhaus está en 15), el suelo radiante empieza a perder protagonismo como emisor principal. La aerotermia sola, conectada a fan-coils o a una unidad interior de conductos, puede cubrir esa demanda con mayor flexibilidad y un coste de instalación más bajo.
Por encima de esa cifra —en viviendas con aislamiento estándar, con mucha superficie acristalada orientada al norte, o en rehabilitaciones donde la envolvente no se puede mejorar del todo—, la combinación de aerotermia con suelo radiante sí tiene todo el sentido: el suelo distribuye el calor de forma uniforme sin corrientes de aire, la aerotermia entrega agua a la temperatura exacta que el sistema necesita y el conjunto ofrece un confort real y un gasto energético muy reducido.
Cuándo la combinación aerotermia + suelo radiante sí amortiza
Hay escenarios concretos donde esta pareja funciona de manera excelente y donde la inversión inicial —que puede rondar entre 15.000 y 25.000 € dependiendo de la superficie y el equipo— se recupera de forma razonable en el ciclo de vida de la vivienda:
- Vivienda de obra nueva con superficie superior a 120 m² y aislamiento por encima del Código Técnico pero sin llegar a Passivhaus. Aquí la demanda es suficiente para que el suelo radiante trabaje durante horas seguidas con plena eficiencia.
- Casas con grandes espacios diáfanos y techos altos. Los emisores convencionales luchan contra la estratificación del aire; el suelo radiante, no.
- Viviendas con pavimento de piedra natural, gres porcelánico o similares. Estos materiales son excelentes conductores del calor. Con moqueta o madera maciza gruesa, el rendimiento cae notablemente.
- Familias con niños pequeños o personas con movilidad reducida. El confort de un suelo templado no tiene equivalente en términos de calidad de vida.
- Climas con inviernos moderados o fríos pero no extremos, como el de Zaragoza y la mayor parte de Aragón: la aerotermia rinde bien incluso con temperaturas exteriores de -5 °C a -10 °C, que son las que se dan en la zona en los peores días.
Cuándo uno solo basta (y el otro sobra)
Aquí viene la parte que los instaladores no siempre tienen incentivo para contarte.
Si estás construyendo una casa con steel framing bajo criterios de alta eficiencia —hermeticidad por debajo de 0,6 renovaciones/hora, aislamiento continuo sin puentes térmicos, recuperador de calor con calor entálpico—, es muy probable que la aerotermia sola, conectada a un sistema de ventilación con recuperación de calor y un pequeño post-calentamiento, sea más que suficiente. Literalmente: algunos modelos de construcción modular en climas como el aragonés cierran el invierno con la aerotermia haciendo el trabajo de calefacción a través del propio sistema de ventilación.
Al revés también ocurre. En rehabilitaciones de viviendas antiguas donde no se puede actuar sobre la envolvente, el suelo radiante eléctrico —sin aerotermia— puede ser más práctico en zonas concretas como el baño, donde el coste de instalación de un circuito hidráulico completo no se justifica para 8 o 10 m².
El error más típico en proyectos de obra nueva
Diseñar el sistema de climatización sin conocer primero la demanda energética real de la vivienda. Se elige la aerotermia y el suelo radiante porque “es lo que se lleva” y luego resulta que el equipo está sobredimensionado, trabaja en arranques cortos, no llega a su punto óptimo de operación y consume más de lo que debería. El truco está en hacer primero la simulación energética de la vivienda —algo que cualquier proyecto serio debería incluir— y luego dimensionar los sistemas sobre esa base.
Temperatura de trabajo: el dato que marca el rendimiento real
La aerotermia es más eficiente cuanto menor es la diferencia entre la temperatura del agua que produce y la temperatura exterior. El suelo radiante trabaja entre 30 y 45 °C; los radiadores convencionales necesitan entre 60 y 80 °C. Esta diferencia de temperatura de impulsión es lo que hace que la bomba de calor rinda de manera óptima con suelo radiante: trabaja en un rango de baja temperatura que dispara su COP estacional.
En la práctica, con suelo radiante, un equipo de aerotermia puede alcanzar SCOPs de 3,5 a 4,5 en calefacción según la zona climática. Con radiadores convencionales, ese mismo equipo puede quedarse en 2,5 a 3. No es un dato menor: es la diferencia entre amortizar la inversión en 8 años o en 14.
Qué pasa con la refrigeración en verano
Esta es otra variable que se suele dejar para el final y no debería. El suelo radiante puede usarse en modo frío —se llama suelo refrescante o “free cooling”—, pero tiene limitaciones. El suelo no puede bajar de la temperatura de rocío del ambiente sin generar condensaciones. En Zaragoza, con los veranos secos que tenemos, esto funciona razonablemente bien: se puede mantener el suelo entre 17 y 19 °C y enfriar el ambiente de forma silenciosa y uniforme.
Pero si buscas una refrigeración más intensa o tienes humedades relativas altas, necesitarás un sistema complementario. De nuevo: la combinación aerotermia + suelo radiante + fan-coils o conductos es la solución más versátil para todo el año, aunque también la más cara de instalar.
Preguntas frecuentes sobre aerotermia y suelo radiante
¿Puedo instalar suelo radiante en una reforma sin obra mayor?
Depende del sistema. El suelo radiante hidráulico tradicional requiere levantar el pavimento para embeber los tubos en la solera, lo que implica obra. Existen sistemas de menor espesor —placas secas con perfil de aluminio— que reducen el impacto, pero igualmente requieren retirar el pavimento existente. En reformas donde eso no es viable, el suelo radiante eléctrico en zonas puntuales puede ser una alternativa práctica.
¿Cuánto tiempo tarda en calentar el suelo radiante?
En instalaciones nuevas con solera estándar, el suelo tarda entre 2 y 4 horas en alcanzar la temperatura de confort desde frío. Por eso la gestión inteligente —programar el encendido con antelación— es imprescindible. Los sistemas con domótica integrada resuelven esto de forma automática según la previsión meteorológica y los hábitos de la familia.
¿La aerotermia funciona bien en invierno en Zaragoza?
Sí. Los equipos actuales operan con pleno rendimiento hasta temperaturas exteriores de -15 °C, aunque el COP disminuye progresivamente por debajo de 0 °C. En Zaragoza, donde las temperaturas bajo cero son habituales en enero y febrero pero raramente bajan de -8 o -10 °C de manera sostenida, la aerotermia funciona sin problema como sistema principal de calefacción.
¿El suelo radiante es compatible con cualquier tipo de pavimento?
No todos igualmente. Los más conductores —gres, piedra natural, hormigón pulido— son los más eficientes. La madera maciza gruesa y la moqueta reducen notablemente la transferencia de calor. Si tienes previsto pavimento de madera, lo ideal es usar tarima flotante de poco espesor certificada para suelo radiante, con un espesor máximo de 13-15 mm y un coeficiente de resistencia térmica inferior a 0,15 m²K/W.
Si estás diseñando una vivienda nueva en Aragón y quieres saber qué sistema encaja mejor con tu proyecto —tanto en términos de confort como de retorno de inversión—, en Moduacero lo analizamos desde la simulación energética del edificio, antes de proponer ningún equipo. Puedes empezar contándonos tu proyecto a través de nuestra página de contacto y te damos una valoración técnica sin compromiso.





